LA TUBERCULOSIS BOVINA EN SISTEMAS PRODUCTIVOS: IMPACTO SANITARIO Y ECONÓMICO

Publicado el 13 de abril de 2026, 17:54

La tuberculosis bovina es una enfermedad infecciosa crónica que ha acompañado a la ganadería durante siglos y que sigue siendo relevante hoy en día, incluso en sistemas productivos avanzados como los de Norteamérica. Está causada principalmente por la bacteria Mycobacterium bovis y afecta sobre todo a los bovinos, aunque no se limita a ellos: también puede encontrarse en otras especies animales e incluso transmitirse a los seres humanos, lo que la convierte en una zoonosis de importancia.

En los animales, la enfermedad suele desarrollarse de forma lenta y muchas veces sin signos evidentes en sus primeras fases. Las lesiones características, conocidas como tubérculos, se localizan principalmente en los pulmones y en los ganglios linfáticos. Esta evolución silenciosa es precisamente uno de los mayores desafíos, ya que permite que animales aparentemente sanos actúen como fuente de infección dentro del rebaño.

La transmisión ocurre principalmente por vía respiratoria, cuando los animales inhalan aerosoles contaminados procedentes de otros individuos infectados. En sistemas intensivos, donde la densidad animal es elevada y la ventilación puede ser limitada, el riesgo aumenta considerablemente. También puede transmitirse por contacto directo o, en el caso de los terneros, mediante el consumo de leche contaminada. Un aspecto clave en epidemiología es el papel de la fauna silvestre como reservorio: en Norteamérica, por ejemplo, el venado de cola blanca puede mantener y diseminar la enfermedad, mientras que en otras regiones, como el Reino Unido o Irlanda, este papel lo desempeña el tejón.

Aunque muchos países han implementado programas de control y erradicación, la tuberculosis bovina sigue presente en diversas partes del mundo. En Estados Unidos, la enfermedad está en gran medida controlada, pero persiste en zonas concretas como Michigan debido a la interacción con fauna silvestre. En México, la situación es más variable, con áreas donde los controles sanitarios son menos estrictos. En Europa, países como Reino Unido e Irlanda siguen enfrentando dificultades para erradicarla, en parte por la complejidad de gestionar los reservorios silvestres. En España, aunque se han logrado avances, aún existen regiones donde la enfermedad persiste, especialmente en sistemas extensivos con contacto con fauna.

La prevención se basa en un principio claro: detectar y eliminar la enfermedad antes de que se propague. Dado que no existe un tratamiento viable en el contexto productivo, los programas sanitarios se centran en el diagnóstico mediante pruebas como la tuberculina y en el sacrificio de los animales positivos. A esto se suma el control riguroso de los movimientos de ganado y la implementación de medidas de bioseguridad en las explotaciones, como la limitación del contacto con fauna silvestre y el control de accesos. En países como Estados Unidos, estos programas están altamente estructurados y regulados a nivel federal y estatal.

Más allá del impacto sanitario, la tuberculosis bovina tiene consecuencias directas sobre la rentabilidad de las explotaciones. En sistemas de producción lechera, los animales infectados suelen presentar una disminución en la producción, además de que deben ser eliminados del rebaño, lo que supone una pérdida inmediata. A esto se añaden los costes asociados a las pruebas diagnósticas y las posibles restricciones comerciales. En explotaciones de carne, los efectos también son notables: puede haber decomisos en matadero, menor ganancia de peso y limitaciones en la comercialización del ganado.

A nivel global, el impacto económico va incluso más allá de la granja individual. La presencia de la enfermedad puede afectar al estatus sanitario de una región o país, dificultando el acceso a mercados internacionales y obligando a invertir grandes recursos en programas de control y erradicación.

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